Módulo 3: La Eucaristía
Encuentro 1: La Presencia de Jesús en la Eucaristía
1. Síntesis doctrinal:
(CIC 1373-1381)
La
realidad del sacramento de la Eucaristía y la presencia real de Jesucristo bajo
las especies sacramentales, no se puede abordar sin la gracia de la fe. Ni éste, ni ninguno de los misterios del
cristianismo repugna a la razón, pero la mente humana es insuficiente para
penetrarlos totalmente.
Cuando
el Señor anuncia a sus discípulos el misterio eucarístico (Jn 6, 32-59) muchos
de los que le habían acompañado durante largo tiempo, tal vez con más miras
humanas, se marchan escandalizados por el lenguaje del Señor (Jn 6, 60-66). Es
San Pedro quien, movido por la fe, arrastra a los demás apóstoles a la
fidelidad al Maestro (Jn 6, 67-69).
A lo
largo de la historia de la Iglesia, se ha profundizado mucho acerca del
Sacramento de la Eucaristía, mediante la doctrina de los Concilios, el
Magisterio de los Pontífices y la reflexión de los teólogos. Todo descansa, sin
embargo, en la adhesión confiada a las palabras de Jesucristo, recogidas en los
Evangelios: "Esto es mi Cuerpo", "Esta es mi Sangre".
Cualquier intento de menoscabar o negar esta realidad se separa de la fe
cristiana, para convertirla en una mera colección de símbolos y prácticas sociales.
"Cristo
Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e intercede por
nosotros, está presente de múltiples
maneras en su Iglesia: en su Palabra, en la oración de su Iglesia, (...) en
los pobres, los enfermos, los presos, en los sacramentos de los que Él es
autor, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro. Pero, sobre todo está presente bajo las especies
eucarísticas" (CIC 1373).
"El
modo de presencia de Cristo bajo las
especies eucarísticas es singular. (...) En el santísimo sacramento de la
Eucaristía están contenidos verdadera,
real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la
divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero" (CIC 1374).
"La
presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y
dura todo el tiempo que subsisten las especies eucarísticas. Cristo está todo
entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus
partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo" (CIC 1377).
Está
el mismo Jesús que nació de Santa María Virgen, que pasó treinta años en el
humilde hogar de Nazaret, el que curó a tantos, el que murió en la Cruz, y
ahora está sentado a la diestra de Dios Padre. Está además en todas las formas
consagradas y en cada partícula de ellas, de modo que, acabada la Santa Misa,
Jesús sigue presente en las formas que se reservan en el Sagrario, mientras no
se corrompen las especies del pan, que son el signo sensible que contiene el
Cuerpo de Cristo.
La
singular y admirable conversión por la que toda la substancia del pan se cambia
en el Cuerpo de Cristo y toda la substancia del vino se cambia en su sangre,
recibe el nombre de transubstanciación, término que expresa perfectamente lo que
ocurre; pues, al repetir las palabras de Jesucristo, se convierte toda la
sustancia del pan y del vino, quedando solamente las apariencias, que suelen
denominarse con la expresión "especies consagradas". El milagro que
allí se produce es que esas especies consagradas de pan y de vino permanecen de
modo admirable sin su sustancia propia, por virtud de la Omnipotencia divina
(cfr CIC 1376).
"La
presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en
este sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la
autoridad de Dios. Por ello, comentando el texto de san Lucas 22, 19: «Esto es
mi Cuerpo que será entregado por vosotros», San Cirilo declara: «no te
preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor,
porque El, que es la Verdad», no miente" (CIC 1381).
Presencia verdadera, en
cuanto tenemos certeza de que está presente, porque Él lo ha dicho. Así lo
afirma Santo Tomás en el himno Adoro te
devote:
La vista, el tacto, el gusto son aquí falaces
sólo con el oído se llega a tener fe segura;
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada más verdadero que esta palabra de Verdad.
Se
llama presencia real no por
exclusión, como si los otros modos de estar presente Cristo en la Iglesia no
fuesen reales, sino por excelencia, ya que es el modo más acabado de estar
Cristo con nosotros. Por tanto, entendería falsamente esta manera de presencia
quien la imaginara al modo espiritual, como si fuera Cuerpo glorioso de Cristo
presente en todas partes, o la redujera a un puro simbolismo.
Es
una presencia sustancial en cuanto
se da sin las manifestaciones sensibles o accidentes. El pan y el vino dejan de
ser lo que eran para ser el Cuerpo y la sangre del Señor. Después de la
consagración Jesucristo está allí a modo de sustancia, y por ello está
totalmente bajo cualquier parte del pan o del vino. Esto quiere decir que
Jesucristo no está presente en la Sagrada Eucaristía por la cantidad dimensiva de su Cuerpo, como
cuando vivió en carne mortal, puesto que ocuparía el espacio natural que le corresponde.
Al contrario, está presente al modo como cualquier sustancia está presente en
sus dimensiones, toda ella en cada una de las partes: "Como en cada parte
del aire está toda su naturaleza y en cada parte del pan toda la suya, estén el
aire y el pan divididos de hecho en partes o no estén de hecho divididos. De
aquí que sea cosa clara que Cristo está íntegro en cada parte de las especies
del pan no sólo cuando se parte éste, sino también cuando la Hostia permanece
íntegra" (Sto. Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q. 76, a. 3).
Después
de la Consagración los accidentes del pan y del vino -color, sabor,
consistencia, etc.- no corresponden a lo que hay realmente bajo esas
apariencias. El prodigio que se opera reside en que esas especies consagradas
permanecen de un modo admirable sin su propia sustancia, por virtud de la
omnipotencia divina; se trata de un fenómeno extraordinario que está por encima
de las leyes naturales, pero no en contra de ellas.
De
la transustanciación algunos autores
afirman erróneamente que la presencia de Cristo sólo consiste en una nueva
significación (transignificación), o una nueva finalidad (transfinalización)
para nosotros del pan y del vino. Ante estos errores el Magisterio volvió a
proponer la doctrina de la Iglesia sobre la transustanciación,
enseñando que ciertamente hay un nuevo significado y una nueva finalidad, pero
a causa de un milagroso cambio objetivo de sustancia (cfr Pablo VI, Enc. Mysterium fidei)
2. Textos
1) "Todos los que ejercen tan santísimos
ministerios, especialmente los que los administran sin discernimiento, pongan
su atención en cuán viles son los cálices, los corporales y los manteles en los
que se sacrifica el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor. Y hay muchos que lo
abandonan en lugares indecorosos, lo llevan sin respeto, lo reciben
indignamente y lo administran sin discernimiento (...). ¿No nos mueven a piedad
todas estas cosas cuando el piadoso Señor mismo se pone en nuestras manos y lo tocamos
y recibimos todos los días en nuestra boca? ¿Es que ignoramos que hemos de ir a
parar a sus manos? Así pues, enmendémonos cuanto antes de todas estas cosas y
de otras semejantes; y donde se encuentre colocado y abandonado indebidamente
el Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, retírese de allí y custódiese
en sitio precioso" (San Francisco de Asís, Carta a los sacerdotes).
2) "Dado que el misterio eucarístico ha
sido instituido por amor y nos hace presente sacramentalmente a Cristo, es
digno de acción de gracias y de culto. Este culto debe manifestarse en todo
encuentro nuestro con el Santísimo sacramento, tanto cuando visitamos las
iglesias como cuando las sagradas Especies son llevadas o administradas a los
enfermos.
La adoración a Cristo en este Sacramento de
amor debe encontrar expresión en diversas
formas de devoción eucarística: plegarias personales ante el Santísimo,
horas de adoración, exposiciones breves, prolongadas, anuales (las cuarenta
horas), bendiciones eucarísticas, procesiones eucarísticas, Congresos
eucarísticos. A este respecto merece una mención particular la solemnidad del
«Corpus Christi» como acto de culto público tributado a Cristo presente en la
Eucaristía, establecida por mi antecesor Urbano IV, en recuerdo de la
institución de este gran Misterio.
(...) La Iglesia y el mundo tienen una gran
necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este Sacramento del Amor.
No escatimemos tiempo para ir a
encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a
reparar las graves faltas y delitos del mundo. No cese nunca nuestra
adoración" (Juan Pablo II, Carta Dominicae
coenae, sobre el misterio y el culto a la Eucaristía, 24-II-80, 3).
3) "Lo que nosotros no podemos, lo puede
el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino
la realidad: se queda Él mismo. Irá al Padre, pero permanecerá con los hombres.
No nos legará un simple regalo que nos haga evocar su memoria, una imagen que
tienda a desdibujarse con el tiempo, como la fotografía que pronto aparece
desvaída, amarillenta y sin sentido para los que no fueron protagonistas de
aquel amoroso momento. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente
presente: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad" (J. Escrivá de
Balaguer, Es Cristo que pasa, 83).
4) "Y dijo en modo demostrativo: Este es mi cuerpo y ésta es mi sangre,
para que no pienses que las cosas que aparecen son una figura, sino que por
algo inefable del Dios Omnipotente las oblaciones son realmente transformadas
en el cuerpo y en la sangre de Cristo; y nosotros, al participar de ellos,
recibimos la fuerza vivificadora y santificadora de Cristo" (San Cirilo de
Alejandría, Comentarios sobre S. Mateo).
3. Objetivos
a)
Conocimientos: * Conocer el modo en
que Cristo está presente en la Eucaristía
b) Actitudes: *
Fe y adoración ante la realidad de la presencia de Jesús en el Sagrario.
*
Humildad y servicio ante los demás.
c) Vida cristiana: *
Visitar con frecuencia a Jesús presente en el Sagrario
*
Hacer con piedad la genuflexión.
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