Catequesis familiar Aspaen Alcázares

 


Módulo 3: La Eucaristía

Encuentro 1: La Presencia de Jesús en la Eucaristía

 

1. Síntesis doctrinal: (CIC 1373-1381)

 

La realidad del sacramento de la Eucaristía y la presencia real de Jesucristo bajo las especies sacramentales, no se puede abordar sin la gracia de la fe. Ni éste, ni ninguno de los misterios del cristianismo repugna a la razón, pero la mente humana es insuficiente para penetrarlos totalmente.

Cuando el Señor anuncia a sus discípulos el misterio eucarístico (Jn 6, 32-59) muchos de los que le habían acompañado durante largo tiempo, tal vez con más miras humanas, se marchan escandalizados por el lenguaje del Señor (Jn 6, 60-66). Es San Pedro quien, movido por la fe, arrastra a los demás apóstoles a la fidelidad al Maestro (Jn 6, 67-69).

A lo largo de la historia de la Iglesia, se ha profundizado mucho acerca del Sacramento de la Eucaristía, mediante la doctrina de los Concilios, el Magisterio de los Pontífices y la reflexión de los teólogos. Todo descansa, sin embargo, en la adhesión confiada a las palabras de Jesucristo, recogidas en los Evangelios: "Esto es mi Cuerpo", "Esta es mi Sangre". Cualquier intento de menoscabar o negar esta realidad se separa de la fe cristiana, para convertirla en una mera colección de símbolos y prácticas sociales.

 

"Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros, está presente de múltiples maneras en su Iglesia: en su Palabra, en la oración de su Iglesia, (...) en los pobres, los enfermos, los presos, en los sacramentos de los que Él es autor, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro. Pero, sobre todo está presente bajo las especies eucarísticas" (CIC 1373).

 

"El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. (...) En el santísimo sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero" (CIC 1374).

 

"La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsisten las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo" (CIC 1377).

 

Está el mismo Jesús que nació de Santa María Virgen, que pasó treinta años en el humilde hogar de Nazaret, el que curó a tantos, el que murió en la Cruz, y ahora está sentado a la diestra de Dios Padre. Está además en todas las formas consagradas y en cada partícula de ellas, de modo que, acabada la Santa Misa, Jesús sigue presente en las formas que se reservan en el Sagrario, mientras no se corrompen las especies del pan, que son el signo sensible que contiene el Cuerpo de Cristo.

 

La singular y admirable conversión por la que toda la substancia del pan se cambia en el Cuerpo de Cristo y toda la substancia del vino se cambia en su sangre, recibe el nombre de transubstanciación, término que expresa perfectamente lo que ocurre; pues, al repetir las palabras de Jesucristo, se convierte toda la sustancia del pan y del vino, quedando solamente las apariencias, que suelen denominarse con la expresión "especies consagradas". El milagro que allí se produce es que esas especies consagradas de pan y de vino permanecen de modo admirable sin su sustancia propia, por virtud de la Omnipotencia divina (cfr CIC 1376).

 

"La presencia del verdadero Cuerpo de Cristo y de la verdadera Sangre de Cristo en este sacramento, no se conoce por los sentidos, dice Santo Tomás, sino sólo por la fe, la cual se apoya en la autoridad de Dios. Por ello, comentando el texto de san Lucas 22, 19: «Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros», San Cirilo declara: «no te preguntes si esto es verdad, sino acoge más bien con fe las palabras del Señor, porque El, que es la Verdad», no miente" (CIC 1381).

 

Presencia verdadera, en cuanto tenemos certeza de que está presente, porque Él lo ha dicho. Así lo afirma Santo Tomás en el himno Adoro te devote:

 

La vista, el tacto, el gusto son aquí falaces

sólo con el oído se llega a tener fe segura;

creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:

nada más verdadero que esta palabra de Verdad.

 

Se llama presencia real no por exclusión, como si los otros modos de estar presente Cristo en la Iglesia no fuesen reales, sino por excelencia, ya que es el modo más acabado de estar Cristo con nosotros. Por tanto, entendería falsamente esta manera de presencia quien la imaginara al modo espiritual, como si fuera Cuerpo glorioso de Cristo presente en todas partes, o la redujera a un puro simbolismo.

 

Es una presencia sustancial en cuanto se da sin las manifestaciones sensibles o accidentes. El pan y el vino dejan de ser lo que eran para ser el Cuerpo y la sangre del Señor. Después de la consagración Jesucristo está allí a modo de sustancia, y por ello está totalmente bajo cualquier parte del pan o del vino. Esto quiere decir que Jesucristo no está presente en la Sagrada Eucaristía por la cantidad dimensiva de su Cuerpo, como cuando vivió en carne mortal, puesto que ocuparía el espacio natural que le corresponde. Al contrario, está presente al modo como cualquier sustancia está presente en sus dimensiones, toda ella en cada una de las partes: "Como en cada parte del aire está toda su naturaleza y en cada parte del pan toda la suya, estén el aire y el pan divididos de hecho en partes o no estén de hecho divididos. De aquí que sea cosa clara que Cristo está íntegro en cada parte de las especies del pan no sólo cuando se parte éste, sino también cuando la Hostia permanece íntegra" (Sto. Tomás de Aquino, Suma Teológica, III, q. 76, a. 3).

 

Después de la Consagración los accidentes del pan y del vino -color, sabor, consistencia, etc.- no corresponden a lo que hay realmente bajo esas apariencias. El prodigio que se opera reside en que esas especies consagradas permanecen de un modo admirable sin su propia sustancia, por virtud de la omnipotencia divina; se trata de un fenómeno extraordinario que está por encima de las leyes naturales, pero no en contra de ellas.

 

De la transustanciación algunos autores afirman erróneamente que la presencia de Cristo sólo consiste en una nueva significación (transignificación), o una nueva finalidad (transfinalización) para nosotros del pan y del vino. Ante estos errores el Magisterio volvió a proponer la doctrina de la Iglesia sobre la transustanciación, enseñando que ciertamente hay un nuevo significado y una nueva finalidad, pero a causa de un milagroso cambio objetivo de sustancia (cfr Pablo VI, Enc. Mysterium fidei)

 

2. Textos

 

1) "Todos los que ejercen tan santísimos ministerios, especialmente los que los administran sin discernimiento, pongan su atención en cuán viles son los cálices, los corporales y los manteles en los que se sacrifica el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor. Y hay muchos que lo abandonan en lugares indecorosos, lo llevan sin respeto, lo reciben indignamente y lo administran sin discernimiento (...). ¿No nos mueven a piedad todas estas cosas cuando el piadoso Señor mismo se pone en nuestras manos y lo tocamos y recibimos todos los días en nuestra boca? ¿Es que ignoramos que hemos de ir a parar a sus manos? Así pues, enmendémonos cuanto antes de todas estas cosas y de otras semejantes; y donde se encuentre colocado y abandonado indebidamente el Santísimo Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, retírese de allí y custódiese en sitio precioso" (San Francisco de Asís, Carta a los sacerdotes).

 

2) "Dado que el misterio eucarístico ha sido instituido por amor y nos hace presente sacramentalmente a Cristo, es digno de acción de gracias y de culto. Este culto debe manifestarse en todo encuentro nuestro con el Santísimo sacramento, tanto cuando visitamos las iglesias como cuando las sagradas Especies son llevadas o administradas a los enfermos.

La adoración a Cristo en este Sacramento de amor debe encontrar expresión en diversas formas de devoción eucarística: plegarias personales ante el Santísimo, horas de adoración, exposiciones breves, prolongadas, anuales (las cuarenta horas), bendiciones eucarísticas, procesiones eucarísticas, Congresos eucarísticos. A este respecto merece una mención particular la solemnidad del «Corpus Christi» como acto de culto público tributado a Cristo presente en la Eucaristía, establecida por mi antecesor Urbano IV, en recuerdo de la institución de este gran Misterio.

(...) La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este Sacramento del Amor. No escatimemos tiempo para ir a  encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las graves faltas y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración" (Juan Pablo II, Carta Dominicae coenae, sobre el misterio y el culto a la Eucaristía, 24-II-80, 3).

 

3) "Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre, no deja un símbolo, sino la realidad: se queda Él mismo. Irá al Padre, pero permanecerá con los hombres. No nos legará un simple regalo que nos haga evocar su memoria, una imagen que tienda a desdibujarse con el tiempo, como la fotografía que pronto aparece desvaída, amarillenta y sin sentido para los que no fueron protagonistas de aquel amoroso momento. Bajo las especies del pan y del vino está Él, realmente presente: con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad" (J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 83).

 

4) "Y dijo en modo demostrativo: Este es mi cuerpo y ésta es mi sangre, para que no pienses que las cosas que aparecen son una figura, sino que por algo inefable del Dios Omnipotente las oblaciones son realmente transformadas en el cuerpo y en la sangre de Cristo; y nosotros, al participar de ellos, recibimos la fuerza vivificadora y santificadora de Cristo" (San Cirilo de Alejandría, Comentarios sobre S. Mateo).

 

3. Objetivos

 

a) Conocimientos:       * Conocer el modo en que Cristo está presente en la Eucaristía

b) Actitudes:               * Fe y adoración ante la realidad de la presencia de Jesús en el Sagrario.

                                    * Humildad y servicio ante los demás.

c) Vida cristiana:        * Visitar con frecuencia a Jesús presente en el Sagrario

                                    * Hacer con piedad la genuflexión.

 

 

 


Módulo 3: La Eucaristía
Encuentro 3: La Santa Misa

Motivación
El 18 de mayo de 1990 San Juan Pablo II cumplió 70 años. En esa ocasión le preguntaron si tenía algún recuerdo de su infancia.
- La primera vez que ayudé Misa. Al terminar mi padre me dijo: "hijo mío, has estado distraído todo el tiempo, mirando de un lado para otro. ¿Es que no te has encomendado al Espíritu Santo antes de empezar la Misa?"

Dinámica
¿Qué podemos hacer para participar mejor de la Misa?

Síntesis Doctrinal

Ritos iniciales
La Asamblea: El primer elemento a tener en cuenta, es la reunión de los fieles, signo de la toda la Iglesia (triunfante, purgante y militante) que está presente en cada celebración eucarística.
"Todos se reúnen. Los cristianos acuden a un mismo lugar para la asamblea eucarística. A su cabeza está Cristo mismo que es el actor principal de la Eucaristía. El es sumo sacerdote de la Nueva Alianza. El mismo es quien preside invisiblemente toda celebración eucarística. Como representante suyo, el obispo o el presbítero (actuando «in persona Christi capitis» - «en la persona de Cristo cabeza») preside la asamblea, toma la palabra después de las lecturas, recibe las ofrendas y dice la plegaria eucarística. Todos tienen parte activa en la celebración, cada uno a su manera: los lectores, los que presentan las ofrendas, los que dan la comunión, y el pueblo entero cuyo «Amén» manifiesta su participación" (CIC 1348).
Cuando celebra Misa, el sacerdote representa a Cristo porque actúa con sus mismos poderes recibidos en el sacramento del Orden para realizar el Sacrificio de la Cruz. Esta capacidad distingue esencialmente el sacerdocio ministerial del sacerdocio común de los fieles. Los simples fieles no tienen capacidad para hacer presente a Jesucristo sacramentado sobre el altar. (Ver Textos, 1)

"¿Cuál es la mejor manera de asistir a Misa? (...) La Misa es la Acción de la Asamblea de Dios, y todo el pueblo presente debe participar en ella en la medida que pueda. La Misa no es el lugar apropiado para recitar oraciones privadas, ni siquiera aquellas tan excelentes como el Rosario. Cumplimos nuestro importante papel en la Misa, de miembros de la Asamblea -miembros del Cuerpo Místico de Cristo por el Bautismo- recitando o cantando. Escuchamos a Jesús que nos habla en las lecturas, el Evangelio y la homilía de la Misa. En nuestro silencio en el Canon nos unimos al sacerdote en las oraciones que recita en el altar. La participación activa en la Misa cobra una significación renovada como nuestro supremo acto de culto, que nosotros y nuestros hermanos coparticipantes ofrecemos en unión con Cristo" (La fe explicada, cap 27).

Acto penitencial: Al ponernos tan cerca de Dios, es lógico que enseguida reconozcamos todos nuestros actos libres que nos han separado de Él, que es el Amor y la Verdad. Con el arrepentimiento del hijo pródigo decimos: "Yo confieso, ante Dios Todopoderoso, ..."

Liturgia de la Palabra
"La liturgia de la Palabra comprende «los escritos de los profetas», es decir, , y «las memorias de los apóstoles», es decir, sus cartas, y los Evangelios. Después, la homilía, que exhorta a acoger esta palabra como lo que «es verdaderamente, Palabra de Dios» (1 Tes 2, 13), y a ponerla en práctica; vienen luego las intercesiones por todos los hombres, según la palabra del apóstol: «Ante todo, recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad» (1 Tim 2, 1-2)" (CIC 1349).
"Liturgia de la Palabra y Liturgia Eucarística constituyen juntas «un solo acto de culto» (SC, 56)" (CIC 1346). (Ver Textos, 2)

Liturgia de la Eucaristía
La presentación de las ofrendas (el ofertorio): se lleva entonces al altar, a veces en procesión, el pan y el vino que serán ofrecidos por el sacerdote en nombre de Cristo, en el sacrificio eucarístico en el que se convertirán en su Cuerpo y en su Sangre. Es la acción misma de Cristo en la última Cena, “tomando pan y una copa”. “Sólo la Iglesia presenta esta oblación, pura, al Creador, ofreciéndole con acción de gracias lo que proviene de su creación” (S. Ireneo, haer. 4, 18, 4; cf. Mt 1, 11). La presentación de las ofrendas en el altar hace suyo el gesto de Melquisedec y pone los Dones del Creador en las manos de Cristo. El es quien, en su sacrificio, lleva a la perfección todos los intentos humanos de ofrecer sacrificios.

Desde el principio, junto con el pan y el vino para la eucaristía, los cristianos presentan también sus dones para compartirlos con los que tienen necesidad. Esta costumbre de la colecta (cf. 1 Co 16, 1), siempre actual, se inspira en el ejemplo de Cristo que se hizo pobre para enriquecernos (cf. 2 Co 8, 9):

La anáfora: Con la plegaria eucarística, oración de acción de gracias y de consagración, llegamos al corazón y a la cumbre de la celebración:
En el prefacio, la Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, por todas sus obras, por la Creación, la Redención y la santificación. Toda la asamblea se une entonces a la alabanza incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos cantan al Dios tres veces santo;
En la epíclesis, la Iglesia pide al Padre que envíe a su Espíritu Santo (o el poder de su bendición) sobre el pan y el vino, para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y que quienes toman parte de la eucaristía sean un solo cuerpo y un solo espíritu.
En el relato de la institución, la fuerza de las palabras y de la acción de Cristo y el poder del Espíritu Santo se hacen sacramentalmente presente bajo las especies del pan y del vino, su Cuerpo y su Sangre, su sacrificio ofrecido en la cruz de una vez para siempre;
En la anámnesis que entonces sigue, la Iglesia hace memoria de la Pasión, de la resurrección y del Retorno glorioso de Cristo Jesús; presenta al Padre la ofrenda de su Hijo que nos reconcilia con El;
En las intercesiones, la Iglesia expresa que la eucaristía se celebra en comunión con toda la Iglesia del cielo y de la tierra, de los vivos y de los difuntos, y en comunión con los pastores de la Iglesia, el Papa, el obispo de la diócesis, su presbiterio y sus diáconos y todos los obispos del mundo entero con sus Iglesias.

En la comunión, precedida por la oración del Señor y de la fracción del pan, los fieles reciben «el pan del cielo» y «el cáliz de la salvación», el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se entregó «para la vida del mundo» (Jn 6, 51): «Y este alimento se llama entre nosotros 'Eucaristía', de la que a nadie es lícito participar, sino al que cree ser verdaderas nuestras enseñanzas y se ha lavado en el baño que da la remisión de los pecados y la regeneración, y vive conforme a lo que Cristo nos enseñó» (S. Justino). (CIC 1350-1355) (Ver Textos, 3).

Textos
1) "En la Misa dominical es donde los cristianos reviven de manera particularmente intensa la experiencia que tuvieron los Apóstoles la tarde de la Pascua, cuando el Resucitado se les manifestó estando reunidos (cfr. Jn 20, 19). En aquel pequeño núcleo de discípulos, primicia de la Iglesia, estaba en cierto modo presente el Pueblo de Dios de todos los tiempos. A través de su testimonio llega a cada generación de los creyentes el saludo de Cristo, lleno del don mesiánico de la paz, comprada con su sangre y ofrecida junto con su Espíritu: «¡Paz a vosotros!». Al volver Cristo entre ellos «ocho días más tarde» (Jn 20, 26), se ve prefigurada en su origen la costumbre de la comunidad cristiana de reunirse cada octavo día, en el «día del Señor» o domingo, para profesar la fe en su resurrección y recoger los frutos de la bienaventuranza prometida por él: «Dichosos los que no han visto y han creído» (Jn 20, 29). (...) La asamblea dominical es un lugar privilegiado de unidad. (...) En dicha asamblea, las familias cristianas viven una de las manifestaciones más cualificadas de su identidad y de su «ministerio» de «iglesias domésticas», cuando los padres participan con sus hijos en la única mesa de la Palabra y del Pan de vida. A este respecto, se ha de recordar que corresponde, ante todo, a los padres educar a sus hijos para la participación en la Misa dominical, ayudados por los catequistas". (Juan Pablo II, Carta Apostólica Dies Domini, 31-V-98, 33-36)

2) "En el ambiente festivo del encuentro de toda la comunidad en el «día del Señor», la Eucaristía se presenta, de modo más visible que en otros días, como la gran «acción de gracias», con la cual la Iglesia, llena del Espíritu, se dirige al Padre, uniéndose a Cristo y haciéndose voz de toda la humanidad. El ritmo semanal invita a recordar con complacencia los acontecimientos de los días transcurridos recientemente, para comprenderlos a la luz de Dios y darle gracias por sus innumerables dones, glorificándole «por Cristo, con él y en él, (...) en la unidad del Espíritu Santo». De este modo, la comunidad cristiana toma conciencia nuevamente del hecho de que todas las cosas han sido creadas por medio de Cristo y, en él, que vino en forma de siervo para compartir y redimir nuestra condición humana, fueron recapituladas (cfr Ef 1, 10), para ser ofrecidas al Padre, de quien todo recibe su origen y vida. (...) A su sacrificio, Cristo une el de la Iglesia: «En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo es también el sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo y a su total ofrenda, y adquieren así un valor nuevo» (CIC 1368). Esta participación de toda la comunidad asume un particular relieve en el encuentro dominical, que permite llevar al altar la semana transcurrida con las cargas humanas que la han caracterizado" (Juan Pablo II, Carta Apostólica Dies Domini, 42-43).

3) Queridos amigos, no agradeceremos nunca bastante al Señor por el don que nos ha hecho con la Eucaristía. Es un don tan grande y, por ello, es tan importante ir a misa el domingo. Ir a misa no sólo para rezar, sino para recibir la Comunión, este pan que es el cuerpo de Jesucristo que nos salva, nos perdona, nos une al Padre. ¡Es hermoso hacer esto! Y todos los domingos vamos a misa, porque es precisamente el día de la resurrección del Señor. Por ello el domingo es tan importante para nosotros. Y con la Eucaristía sentimos precisamente esta pertenencia a la Iglesia, al Pueblo de Dios, al Cuerpo de Dios, a Jesucristo. No acabaremos nunca de entender todo su valor y riqueza. Pidámosle, entonces, que este sacramento siga manteniendo viva su presencia en la Iglesia y que plasme nuestras comunidades en la caridad y en la comunión, según el corazón del Padre. Y esto se hace durante toda la vida, pero se comienza a hacerlo el día de la primera Comunión. Es importante que los niños se preparen bien para la primera Comunión y que cada niño la reciba, porque es el primer paso de esta pertenencia fuerte a Jesucristo, después del Bautismo y la Confirmación. (Francisco, audiencia general 5-II-2014)

ESQUEMA DE LA MISA
Ritos iniciales

Liturgia de la Palabra
Liturgia de la Eucaristía
Rito de conclusión

Entrada y saludo
Acto penitencial
(Gloria)
Oración colecta


Lecturas y salmo
Evangelio
(Homilía)
(Profesión de fe)
Oración de los fieles


Ofertorio
Plegaria eucarística
Prefacio
Plegaria
Rito de la comunión
Padrenuestro
Rito de la paz
Fracción del pan
Comunión
Oración

Bendición
Despedida


ESQUEMA DETALLADO

Momento
Descripción
Actitud
Postura

Ritos iniciales
Gestos y oraciones que nos preparan para participar de la Santa Misa. Son:
* Beso al altar: La esposa, que es la Iglesia, representada por el sacerdote, saluda al esposo, Cristo, representado por el altar (CIC 1383).
* Señal de la Cruz: Señal del cristiano; recuerda nuestro bautismo, y que estamos reunidos en la presencia de Dios.
* Rito penitencial: reconocemos nuestros pecados porque Dios "da su gracia a los humildes y resiste a los soberbios". Nos damos cuenta que acompañamos a Cristo en la Cruz donde murió por nuestros pecados.
* Gloria (domingos y fiestas): bendecimos a Dios, le adoramos y le agradecemos todo lo que ha hecho por nosotros en la semana y en toda nuestra vida.
* Oración colecta Se llama así porque recoge la petición de todos.

De pie
contrición
alabanza, adoración,
ac gracias
petición
Liturgia de la Palabra
La Biblia es la Palabra de Dios puesta por escrito. Está dividida en AT y NT. En el NT tienen especial importancia los 4 Evangelios.
* 1ª Lectura: generalmente es un texto del Antiguo Testamento.
* Salmo Responsorial: se leen o cantan las estrofas de los salmos a las que el pueblo responde con un estribillo.
* 2ª Lectura (domingos y fiestas): se toma de la Epístolas del NT
* Evangelio: Lectura de un pasaje de uno de los 4 Evangelios, sobre la vida de Jesús. Va precedido del Aleluya, que nos invita a alabar al Señor.
* Homilía: El sacerdote explica el significado de las lecturas.
* Profesión de fe: El Credo resume y proclama la doctrina de la Iglesia católica. Es un resumen de todas las verdades de nuestra fe.
* Oración de los fieles
escucha respeto atención
sentados
de pie
sentados
fe
de pie
petición
Liturgia de la Eucaristía
* Ofertorio: Es el momento de ofrecer nuestro sacrificio espiritual: todas las buenas acciones que hicimos en la semana, nuestros logros, virtudes, etc., que presentamos con agradecimiento. Todo lo bueno viene de Dios y debe volver a Él. Las gotas de agua que se añaden al cáliz representan esa ofrenda nuestra que se une a la de Cristo.
* Anáfora o Plegaria Eucarística: es la parte más importante de la Santa Misa, se trata de un gran diálogo con Dios en el que todos los fieles nos unimos a Cristo en el reconocimiento de las maravillas de Dios y del ofrecimiento de su sacrificio. Consta de:
+ Prefacio: la Iglesia da gracias al Padre, por Cristo, en el Espíritu Santo, por todas sus obras, por la Creación, la redención y la santificación. Toda la asamblea se une entonces a la alabanza incesante que la Iglesia celestial, los ángeles y todos los santos cantan al Dios tres veces santo.
+ Epíclesis: El sacerdote extiende las manos sobre las ofrendas y pide a Dios Padre, en nombre de la Iglesia, que envíe su Espíritu Santo para que se conviertan, por su poder, en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
+ Relato de la Institución o Consagración: Cuando el sacerdote repite las palabras que dijo Jesús para consagrar el pan, Jesús se hace presente en el pan consagrado.
+ Anámnesis: hacer memoria. El sacerdote nos pide recordar lo que Jesús hizo por nosotros al morir en la Cruz.
+ Intercesiones: Es el momento en que toda la Iglesia se une en un solo corazón: la del cielo, del purgatorio y la de la tierra.
* Rito de Comunión:
+ Padrenuestro: oración de toda la Iglesia; recapitula todas las peticiones anteriores y prepara el Festín del Reino que la comunión sacramental va a anticipar. (cfr CIC 2761-2772)
+ Saludo de la paz: "Si estás presentando tu ofrenda ante el altar, y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo que reprocharte, deja allí tu ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano" (Mt 5, 24)
+ Fracción del pan: Uno de los modos de denominar a la Misa (cfr CIC 1329). Se repite el gesto que hizo Jesús en la última cena, que quería que todos comieran del mismo pan. La partícula en el cáliz significa la Resurrección de Cristo (unión cpo y sangre) Al rezar el "Cordero de Dios" pedimos perdón de nuestros pecados
+ Comunión: "Yo soy el pan vivo bajado del cielo; si alguno come de este pan vivirá para siempre, y el pan que Yo le daré es mi Carne, vida del mundo" (Jn 6, 51)
+ Acción de gracias
ac. gracias ofrenda
sentados
ac gracias alabanza
de pie
de rodillas
adoración
recuerdo
de pie
petición
caridad
unidad contrición
ac gracias adoración petición
de rodillas o sentados
Rito de Conclusión
* Oración después de la comunión
* Bendición
* Saludo de despedida
alegría compromiso
de pie

Objetivos
a) Conocimientos:       * Conocer el sentido de las distintas partes de la Misa, respuestas y posturas

b) Actitudes:               * Adoptar la actitud interior y exterior más adecuada en cada momento de la Misa (participación activa)

c) Vida cristiana:        * Proponerse no dejar de ir a Misa los domingos y días de precepto.


El significado del pesebre

Como nos relata los evangelios, la ciudad de Belén estaba llena de visitantes que acudían a cumplir la orden de empadronamiento dictada por el Emperador Augusto; por ello, las posadas sólo daban albergue a aquellos que tenían dinero. Como María estaba embarazada les permitieron quedarse en un establo donde nació Jesús.
San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, fue el iniciador de los nacimientos entre 1200 y 1226. Según indica la tradición, el santo recorría la campiña cercana a la pequeña población de Rieti en el invierno de 1223. La Navidad de ese año lo sorpendió en la ermita de Greccio y fue allí donde tuvo la inspiración de reproducir en vivo el misterio del nacimiento de Jesús. Construyó una casita de paja a modo de portal, puso un pesebre en su interior, trajo un buey y un asno de los vecinos del lugar e invitó a un pequeño grupo de gente a reproducir la escena de la adoración de los pastores. La tradición indica, que de manera milagrosa, en la escena aparecieron ángeles y se personificó el niño Jesús, la Santísima Virgen y San José.
La idea de reproducir el nacimiento se popularizó rápidamente en todo el mundo cristiano; y de los seres vivos, se pasó a la utilización de figuras pues los primeros misioneros en llegar a América fueron franciscanos y por supuesto siguieron la tradición de San Francisco de Asís.
Asimismo, la tradición señala que el primer nacimiento se construyó en Nápoles a fines del siglo XV y fue fabricado con figuras de barro. Carlos III ordenó que los “belenes” se extendieran y popularizaran en todo el reino itálico y español; en América, los frailes introdujeron las costumbres navideñas cristianas utilizándolas para la evangelización de los naturales, y entre ellos, los nacimientos toman un papel importante.
Las iglesias contaban con sus “belenes” que utilizaban los religiosos y los vecinos para sus solemnes procesiones de Navidad. No había familia, por humilde que fuera, que no gozara al “poner el Belén”, junto al cual cantaban unidos los villancicos.
Las figuras de un “belén” pueden ser de distintos tamaños (incluso a tamaño natural) y componen las distintas escenas que recorre el nacimiento del Niño Jesús, desde la búsqueda de la posada, el nacimiento, la anunciación del Ángel a los pastores, la adoración y las ofrendas al Niño por los lugareños y la escena de los Reyes Magos guiados por una estrella hacia el portal de Belén.
El misterio de la Natividad representado en el pesebre era indispensable en todas las casas. Esta tradición ha pasado de padres a hijos, cómo la labor que realizan los artesanos que, empleando los materiales más sencillos crean una magia que no se pierde a pesar de los años.



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